La campaña de 1983, en las que la Unión Cívica Radical se coronó como vencedora, es recordada por la masividad de sus actos de campaña. Los argentinos, hartos de la opresión, copaban las calles para festejar la llegada de la libertad. El último acto de Alfonsín, por ejempló, logró reunir a cientos de miles de personas en el Obelisco porteño.
Su discurso estuvo centrado en la defensa del Estado de Derecho y la importancia de respetar la Constitución Nacional; por eso, uno de sus latiguillos de campaña fue citar el preámbulo de la Carta Magna. Refundar la vida democrática argentina sobre un nuevo pacto social: esa era su idea-fuerza. “El pueblo unido, sin distinciones entre peronistas y antiperonistas, radicales o antirradicales, hará su tarea para defender los derechos de todos”, gritó ante una ovación.La fórmula Alfonsín-Martínez obtuvo 7.724.559 de votos, el 51,75% del padrón electoral. Su contrincante, el peronista Ítalo Luder, apenas alcanzó el 40% con 5 millones de sufragios.
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Durante la primera de las presidencias de los 25 años de democracia, se produjeron un conjunto de sucesos que primordialmente remiten a las expectativas depositadas por las mayorías en la recuperada democracia, a la vez que reflejan las dificultades para que muchas de sus promesas llegaran a cumplirse. Desde la multitudinaria y festiva asunción del presidente elegido el 30 de octubre del 83, hasta las horas críticas y la desilusión de Semana Santa -pero pasando también por el juicio a las Juntas, el protagonismo del movimiento de derechos humanos, los paros y las movilizaciones de la CGT y la explosión del denominado rock nacional-, quizá uno de los rasgos más distintivos de estos años haya sido el de la participación popular entusiasta en una vida pública que apenas unos años atrás parecía exánime.




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